- DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS -
No esperes nada especial de mí, y no te decepcionaré. Ése parece ser el secreto de la felicidad: en general, no equivocarte al elevar tus propias expectativas.

Al adentrarte en este blog, tan sólo advertirte que (suelo, prefiero y) me gusta pensar y opinar por mi mismo; lo que a veces no recuerdo muy bien es en qué orden se debe realizar ese proceso. Y claro, ...así me va. Aunque últimamente y con los años, procuro "controlar" cierto orden en todo esto, la verdad es que no siempre lo consigo. Unas veces pienso lo que digo y otras, digo lo que pienso. Discúlpame en estos últimos casos; ten presente que yo procuraré hacer lo mismo contigo.

Una cosa más: como supongo que sabréis por vuestra propia experiencia, inexorablemente llega una hora de la madrugada en la que, como en esos antros habitados por gente "impresentable", hay que irse del "chinguirito" o del pub .... Eso, o quedarse, pero siempre teniendo en cuenta las especiales circunstancias que empiezan a concurrir. Es cuando ya no distingues un gintónic de un Dyc con cocacola ni por la luz ni por el sabor. Es cuando quienes parecían, en principio, poco agraciad@s físicamente empiezan a tener visibles virtudes. Algo así como si los dioses te soltaran una indirecta: "venga chaval, que ya está bien ...".

Bueno, pues algunas veces tengo la sensación de que la creación de este peculiar blog es fruto de esos momentos de "chinguirito". Quizás por eso, la mayor parte de lo que encuentres en este peculiar lugar para la reflexión introspectiva es absolutamente arbitrario y accidental, con ese sano espíritu que unicamente suele emanar de los lujos de la Realísima Gana. Por lo tanto, se evidencia que aquí no hallarás razones para la ecuanimidad, para el estricto rigor o para la exactitud ni, me temo que mucho menos, demasiados motivos para el provecho personal.

Si ya decidiste quedarte en este garito un instante más, (que sepas que te lo agradezco pero) ten en cuenta todo lo anterior para no llamarte a engaños. Recuerda que: para lo edificante, ya están las constructoras; para las doctrinas, los salvadores de patrias; para el pensamiento único, las dictaduras; y para las risas, los monólogos de comediantes. Aquí sólo encontrarás ideas, equivocadas o no, mostradas con seriedad o con la "guasa" que me proporcionó mi cigüeña, derivadas de un mayor o menor grado de desnudez implícita; pero eso sí, salidas casi siempre del corazón, con pretensiones honestas y, las veces que se pueda,
bienintencionadas, respetuosas y nada dadas al puro adoctrinamiento.


no obstante, publico alguna otra cosa ¡¡¡ aunque sólo sea por puro equilibrio emocional !!!

martes, 5 de marzo de 2013

Origen de las expresiones

ORIGEN DE LAS EXPRESIONES







Ahuecar el ala

Ahuecar el ala significa irse, marcharse de algún sitio. Otros sinónimos de esta expresión también muy usuales son “pirarse”, “largarse” o “abrirse”. Por ejemplo, se dice, “oye, yo me piro” o “yo me largo” o “yo me abro” queriendo decir “me voy”.
Retomando el uso de nuestra frase de hoy, se dice, “venga, hay que ahuecar el ala”, como sinónimo de “venga, hay que irse”.
Esta expresión proviene de un símil con las aves. Las aves, antes de emprender el vuelo (es decir, antes de empezar a volar), ahuecan sus alas (es decir, las extienden y las agitan), y las personas, como si de aves se tratase, hemos cogido esa expresión para indicar que estamos a punto de irnos. Hay que ver todo lo que nos aportan los animales en la vida…


A la buena de Dios

Pues bien, dejar algo a la buena de Dios es descuidar algo, despreocuparse por algo, dejarlo “a la deriva” como un barco sin timón ni capitán en el mar. Se dice que se deja a la buena de Dios porque como nadie atiende a lo dejado, sólo queda Dios (ser omnipresente) para que lo ayude. Como a Dios se le supone que va a aplicar su buena voluntad para que lo abandonado consiga un buen término, se dice lo de “a la buena”, siendo una forma abreviada de decir “a la buena voluntad”.


Al agua, pato


Se la escucha cuando alguien cae o se lanza al agua de forma intempestiva, llamando la atención del público circundante. Se cree que el nacimiento de esta expresión tiene que ver con la costumbre de los patos, más precisamente de los patitos, quienes se ven obligados a introducirse al agua cuando la madre lo hace, con el fin de no separarse del grupo familiar.


A buenas horas, mangas verdes

Se dice cuando algo o algo llega a destiempo y/o, cuando ya ha pasado la oportunidad ya no resulta útil. Esta frase tiene su origen origen en  que en tiempos de las batidas de los miembros de la Santa Hermandad, como casi siempre llegaban tarde  para capturar a los malhechores, los delitos, habitualmente, quedaban impunes. Estos vestían un uniforme de mangas verdes y coleto. Se sule utilizar cuando los miembros del cuerpo de orden publico llegan tarde al lugar donde hubieran sido necesarios, o en la vida cotidiana cuando como decimos más arriba alguien llega tarde o aporta a destiempo la solucción a un problema.



A Cesar, lo que es de Cesar

Semeja la histórica definición de justicia, propuesta por Aristóteles (384-322 AC), filósofo griego, y retomada por Ulpiano (h 170-228), jurista romano, y Justiniano I (483-565), titular del Imperio Romano de Oriente, que decía, palabras más, palabras menos: “darle a cada uno lo que le corresponde”. En este caso, quien la refirió fue Cristo (0-33). Cuando algunos discípulos le preguntaron si consideraba justo pagar tributo al gobierno, Jesús manifestó: “Pagad pues a César lo que es de César, y a Dios, lo que es de Dios” (Mateo 22:21), como para separar los temas terrenales de los espirituales. Por entonces, el César era Tiberio, máxima autoridad del Imperio Romano. Hoy indica que deben distinguirse adecuadamente elementos de distinta naturaleza y, en su uso más frecuente, que deben discriminarse correctamente las cosas, según la incumbencia o la competencia de las personas involucradas.



A la chita callando


Significa hacer algo calladamente, con disimulo, y por lo general usando argucias para conseguir lo que se pretende sin que los demás se den cuenta.
No se conoce con seguridad el origen de esta expresión, pero son dos las opciones que se han propuesto para explicarla. La primera se remontaría a los tiempos de la dominación musulmana, cuando los invasores norteafricanos introdujeron en la península un tipo de caza en el que se utilizaba el gato montés, en realidad una especie de leopardo muy veloz y voraz conocido como cheetah o chita.

Esta variedad de montería se hizo muy popular también entre los cristianos, hasta el punto que el monarca Alfonso X el Sabio la prohibió expresamente en su reino, bajo pena de fuertes sanciones. Sin embargo, muchos cazadores la siguieron practicando a escondidas e ilegalmente, es decir, callando la chita. De estos procederes se quiere que provenga la moderna expresión.

La otra explicación es más prosaica, pero también probablemente más acertada, y se refiere al juego de la chita, hasta hace poco bastante popular aún en muchas zonas. La chita es otro nombre que recibe la taba o hueso astrágalo de la pata de los corderos. Este hueso se utilizaba no sólo por los niños en sus juegos, sino también por los adultos para hacer apuestas, hasta que fueron prohibidas. Por ello los jugadores empedernidos tuvieron que seguir haciéndolo a la chita callado, es decir, sin que nadie se enterara.


A la tercera va la vencida

 Su origen se encuentra en las antiguas luchas cuerpo a cuerpo en las que el triunfo se lograba al derribar tres veces al oponente, por eso la tercera victoria era la vencida.

Esta frase se utiliza mucho cuando cuando una persona intenta algo y no le sale después de intentarlo un par de veces. Entonces se dice y se piensa que a la tercera se consigue la victoria.



 
Al tun-tun

Exclamación a la que se apela para señalar algo hecho de apuro, sin previsión, a tontas y a locas. Su raíz latina, no convalidada por diversos entendidos en la materia, indica que no ha variado en su sentido original y hasta en su dicción, pues se dice que los romanos antiguos decían “Ad vultum tunn”, con la intención de describir algo que se había hecho al bulto, sin planificación o sin demasiado cuidado.


Andar de capa caida

Con esta expresión se busca describir el ánimo decaído de una persona, en particular de quienes han perdido un lugar de prestigio y todos sus beneficios. Debe sus orígenes al derecho romano, según el cual Capítis díminutio, apuntando al capital, significaba la pérdida parcial de los derechos, situación a la que se llegaba en general por enfermedad o deudas. La tradición popular la transformó en capa caída, aludiendo a la prenda de abrigo cuyo uso ha perdurado por siglos y que antiguamente revelaba, de manera simbólica, la condición social de las personas. La manera en que los hidalgos llevaban la capa, especialmente los empobrecidos, delataba su estado de ánimo, ya que éstos andaban arrastrándola por el piso cuando habían perdido los favores de la corte,  contraído deudas de juego o cuando padecían mal de amores.




A ojo de buen cubero


En tiempos remotos, cuando la falta de sistemas precisos para medir las cantidades y para regir los distintos tipos de industria era notoria, las cubas para contener líquidos se elaboraban una por una. Esta situación provocaba que ningún recipiente fuese exactamente igual a otro y, por consiguiente, la cantidad de agua, vino o cualquier otro líquido era difícil de calcular. Al momento de comprar y vender líquidos, se comenzó a usar esta frase para indicar que la medida del producto comercializado era aproximada, pues nunca se sabía con exactitud. Hoy la usamos para indicar una cantidad cualquiera sin estar completamente seguros, aunque no se trate de líquido




Apaga y vamonos  

http://historiadoreshistericos.files.wordpress.com/2010/07/politica-misa.jpgSuele usarse para dar a entender que en cierto lugar nada queda por hacer y está todo terminado. Para explicar el origen de este dicho, relataré un original desafío, sostenido hace siglos por dos sacerdotes del pueblo de Pitres, en Granada.
Sucede que ambos clérigos eran aspirantes a una capellanía castrense, y un día decidieron apostar para cuál de los dos sería, acordando entre ellos que el ganador sería quien dijese la misa más rápidamente, es decir, en menos tiempo. Una vez dispuesto el día de realización del original "duelo", el primero de ellos subió al altar y dijo:

"Ite, misa est", forma que hoy equivale a lo que los sacerdotes expresan cuando dicen: "Hemos celebrado la Misa. Podéis ir en paz".
El segundo, que ya veía que su contrincante había sacado ventaja, dudó un instante, giró, miró a su monaguillo y le dijo: 
Apaga y vámonos, con lo que a nadie le quedó duda de que su "misa" había sido la más breve.


A pie juntillas


Este modismo, muy utilizado cuando alguien quiere asegurar que cree en algo/alguien de una firmemente y además sin ningún tipo de discusión, no tiene un origen demasiado claro, siendo dos las hipótesis sobre la supuesta procedencia de esta expresión, debido a que no hay ninguna referencia exacta que lo indique a ciencia cierta.
Por un lado nos encontramos quienes defienden que proviene de la postura de estar firmes (en la que se colocan los dos pies en paralelo y muy juntos) otorgándole a la expresión ese significado de firmeza, consistencia o seguridad a la hora de creer (e incluso no creer) en algo.
Por otra parte, también son muchos los expertos que prefieren indicar que dicha expresión proviene de un antiguo juego infantil en el que se debía saltar con los pies juntos y los ojos tapados por una venda y donde se seguía las instrucciones de un compañero, quien iba indicando qué se tenía hacer para ir saltando con los pies juntos de un recuadro a otro que estaban pintados en el suelo. De ahí que ese hecho/acto de tener los pies juntos y creer ciegamente en lo que decía el compañero de juego pudiese ser, casi con mayor probabilidad, de dónde proceda la expresión ‘a pies juntillas’.



Armado hasta los dientes


Indica que alguien está preparado para el combate de forma tal que no ha dejado nada librado al azar y que  ha apelado a todo el instrumental bélico posible. La expresión no siempre se usa en un contexto de guerra, pues el lenguaje coloquial la ha ubicado en otro tipo de enfrentamientos, como encuentros deportivos, grescas familiares o discusiones dadas en el ámbito laboral. Se sabe que las armas son tan variadas que pueden colocarse y portarse casi en cualquier parte del cuerpo, pero si se recurre a los dientes para incorporar una más, es que la cosa viene brava. Si alguna vez un guerrero apeló a su dentadura para llevar un cuchillo o una navaja, es porque ya tenía el resto del cuerpo ocupado o porque se veía obligado para dejar sus manos y brazos libres para efectuar ciertas maniobras con mayor comodidad.




Armarse la Marimorena

Se usa coloquialmente para hacer referencia a una gran pelea o a que ha iniciado una bronca entre varias personas, tambien se le conoce como trifulca, rebambaramba o simplemente un gran alboroto.
El dicho popular Armarse la Marimorena surgió a raíz del pleito que en 1579 iniciaron una tabernera de la corte de Madrid y su esposo Alonso de Zayas contra María Morena, quien fuera más conocida entre sus amistades como Marimorena, por "tener cueros de vino en su casa y no querer vender".

La insólita naturaleza de este pleito y el embrollo que desató durante el mismo, puso de moda la palabra marimorena, con el significado de pendencia, riña o contienda.


Armarse una trifulca

Esta popular expresión se utiliza comúnmente para referirse a aquellos momentos en los que se lía una gran discusión, muchas veces acabando en pelea.
¿Cuál es el origen de la expresión ‘armarse una trifulca’?El origen etimológico de trifulca la encontramos en la unión de dos palabras en latín: tri, cuyo significado es tres y furca (horca, horquilla…). Una trifurca (con erre originalmente) era una especie de horquilla con tres piezas que servía para impulsar el movimiento del fuelle que utilizaban antiguamente los herreros cuando querían avivar el fuego de los hornos y poner sus metales al rojo vivo.
Era tal el alboroto y ruido que se formaba en aquel lugar en el momento de usar esa palanca (que por norma general chirriaba estridentemente), además del  sonido característico del propio fuelle y el característico golpeteo del martillo contra el yunque hicieron que el término trifurca, y posteriormente trifulca, fuese conocido como sinónimo de alboroto, escándalo o mucho ruido.
Con el tiempo se acuñó el modismo ‘armarse una trifulca’ con un sentido semejante al de ‘armarse una tangana’ o ‘armarse la Marimorena’.
Como nota curiosa, cabe destacar que el característico sonido del fuelle en funcionamiento, muy similar al de un jadeo, fue el que dio lugar al origen del término ‘follar’,




A todo cerdo le llega su San Martin

Desde tiempos lejanos, en ciertas partes del Viejo Continente, especialmente en Francia y España, cada 11 de noviembre se festeja el día de San Martín, recordando a San Martín de Tours (316-397), el santo francés. Para dicha ocasión, era regular sacrificar a un cerdo, costumbre que no obstante era anterior a esta festividad. De ahí que el sentido de la frase se extendiese luego para graficar que a toda persona le llega su hora, entendiendo esta idea como la muerte o el momento de dar cuentas.




Cargar con el muerto

Alude a tener que hacerse cargo de algo de lo que uno no es responsable. En días de la Edad Media, en algunos territorios europeos, cuando se hallaba un cadáver pero no al asesino, los parientes directos o los vecinos del pueblo debían hacerse cargo del muerto, pagando una multa conjunta. Esta situación provocó, en más de una ocasión, que al encontrar un difunto antes de que lo hicieran las autoridades, los lugareños cargaran el cuerpo inerte y lo arrojaran a las aguas de algún río o laguna o bien en tierras ajenas al pueblo, para evitar las consecuencias legales y, en especial, económicas del suceso.


Colgar un sanbenito


Dicho popular que muy poco se usa en la actualidad. En general, alude a culpar a alguien, pero más precisamente a alguien que es inocente. La cuestión no se vincula con un santo de nombre Benito, ni con algo que se cuelgue, al estilo de un collar. Se supone que deriva del sambenito (dicen algunos que procede de saco bendito), una túnica o escapulario que se ponían los antiguos cristinos cuando hacían penitencia por considerarse culpables de algún pecado. Más tarde, se extendió a la prenda que le colocaban a los reconciliados con la fe católica en  tiempos de la Inquisición. Desde entonces, pasó a denominar el estigma con que se marca a un sospechoso, a un imputado o a una persona que, aunque redimida, obró mal.



Como Pedro por 
su casa

Aplicada a los casos en que un sujeto se introduce en algún sitio, al que no pertenece, como si fuese propio o cuando se toma ciertas licencias que no le fueron concedidas. Más genéricamente, alude a manejarse con un margen amplio de libertad en cualquier situación. Tal vez sea por San Pedro, considerado la piedra angular de la Casa de Dios, como algunos deducen del texto del Nuevo Testamento en el que Cristo (0-33) le dice: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). Pero hay una hipótesis más terrenal, aquella que sostiene que se trata del rey Pedro I de Aragón (1068-1104), quien, según cuentan las crónicas, habría ingresado en Huesca con sus tropas, en 1095, sin la menor resistencia.




Con las botas puestas


Alude a asumir una situación de alto riesgo o terminal con mucha determinación y valentía. Las botas estuvieron siempre ligadas a los militares y a los caballeros, formando parte fundamental de su indumentaria. Perder las botas era un símbolo de vejación o de derrota; por el contrario, enfrentar una crisis o un trance bravo con decisión y coraje, equivalía a hacerlo con las botas bien puestas. Si el personaje en cuestión no salía bien parado de la situación o directamente perdía la vida, era muy común que los enemigos le quitasen las botas, no tanto por su valor simbólico como por su valor material y económico




Cortar el bacalao

El bacalao es un pez que hace mucho tiempo se instaló como componente habitual en la mesa de algunos pueblos de Europa. Al igual que tantas otras comidas, alguien debe cortarla en porciones para luego repartirla entre todos los comensales. Parece que esta tarea puntual la realizaba el padre de la familia, motivo por el cual cortar el bacalao se convirtió en evidencia de ser el que manda, el que dispone, el que toma las decisiones más importantes en un ámbito determinado.




Corte de mangas


Ese gesto era el que realizaban los prostitutos en la antigua Roma para dar a entender a sus clientes que estaban trabajando. Así, se consolidó como una forma de insultar, expresando por señas que el insultado frecuentaba prostitutos.


 Costar un ojo de la cara    
"Defender los intereses de la corona me ha costado un ojo de la cara”, le habría dicho Don Diego de Almagro (1475-1538) al  Emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico (1500-1558), en cierta entrevista sostenida entre el soberano y el conquistador español, considerado descubridor del territorio que hoy se conoce como Chile. En verdad, Almagro no exageraba, pues había perdido uno de sus ojos durante un asedio a una fortaleza inca. Desde entonces, se utiliza para hacer entender que se ha conseguido un objetivo pero que su costo ha resultado por demás elevado.
 
 Cruzar los dedos
Se adjudica a los esclavos negros en América del Norte. Aquellos que mutaron sus creencias y se convirtieron a la fe cristiana, cuando estaban esposados o con las manos atadas y no podían usarlas con libertad para formar una cruz o santiguarse, apelaban a cruzar dos dedos de alguna mano para darle forma al símbolo de los cristianos y así invocar a Dios o elevar una plegaria. Se trataba, entonces, de un recurso para practicar la fe ante situaciones adversas, muy alejado del sentido actual. Hoy consiste en un gesto supersticioso, al que se apela para espantar la mala suerte.


Chivo expiatorio

Este dicho proviene de una práctica ritual de los antiguos judíos. El Gran Sacerdote, purificado y vestido de blanco para la celebración del Día de la Expiación (purificación de las culpas por medio de un sacrificio) elegía dos machos cabríos, echaba a suerte el sacrificio de uno en nombre del pueblo de Israel y ponía las manos sobre la cabeza del animal elegido (llamado el Azazel) al que se le imputaban todos los pecados y abominaciones del pueblo hebreo. Luego de esta ceremonia, el macho sobreviviente era devuelto al campo por un acólito y abandonado a su suerte, en el valle de Tofet, donde la gente lo perseguía entre gritos, insultos y pedradas. Por extensión, la expresión “ser el chivo expiatorio” adquirió entre nosotros el valor de hacer caer una culpa colectiva sobre alguien en particular, aun cuando no siempre éste haya sido el responsable de tal falta.




Dabuti o dabuten



Una de las palabras más extrañas del español es sin ninguna duda “dabuti” (o en su versión más castiza “dabuten”). El origen de esta palabra es bastante sorprendente y se debe a una anécdota que se produjo durante la celebración de la subida al trono de Amadeo de Saboya, el monarca italiano que reinó en España entre 1870 y 1873.

En la cena que el rey ofreció a los altos cargos del Estado como signo de agradecimiento, Amadeo pidió al camarero que le sirviera su vino preferido, que había traído en una caja especial desde el Piamonte, el vino de la ya desaparecida bodega “Da Butti”. Cuando el camarero llegó a la cocina nadie parecía saber de qué estaba hablando el rey: nadie había visto ni oído hablar de esa caja de vino. En ese momento el jefe de los cocineros, Don Ignacio de Saavedra, se armó de valor y llevó al rey el mejor vino del que disponía, preparado además para presentarle sus excusas por la ausencia del “Da Butti”. Cuando se lo ofreció y le explicó lo sucedido, Amadeo de Saboya se alzó y pronunció unas palabras con su marcado acento italiano para todos los comensales: “Quiero agradeceros a todos haber venido aquí esta noche para celebrar conmigo el comienzo de una nueva era en España, la de la casa de Saboya. Quiero que sepáis que aunque esta no sea mi ciudad, me lo parece, que aunque no seáis la familia con la que me crié, me lo parecéis, y que este vino, aunque no lo sea, a mí me parece Da Butti“. 

Durante el aplauso que siguió a este breve discurso la gente comenzó a preguntarse qué era lo último que había dicho el rey, ya que el vino Da Butti por entonces era completamente desconocido en España. Al no entender que se trataba de un vino, los comensales creyeron que era sencillamente alguna expresión italiana para indicar que algo es del propio agrado, por lo que pronto se extendió entre la alta alcurnia decir que algo “era dabuti“. De ahí su uso se fue popularizando hasta que ya a mediados del siglo XX su uso era común incluso entre las esferas sociales más bajas.


Dar en el clavo

Usada para indicar que se acertó en algo. Su origen no tiene relación, como puede aparentar, en la acción de dar en la cabeza del clavo con un martillo. Desde hace siglos, en algunos lugares se practica un juego muy simple que consiste en arrojar y embocar una anilla o una herradura en una barra de metal (semejante a un clavo grande) enterrada a una distancia considerable de los jugadores. El que daba más veces en el clavo se llevaba la victoria y, en ocasiones, algo de dinero.


Dar con la tecla


Tal vez provenga de algún artefacto inventado con anterioridad, pues la tecla es un dispositivo muy antiguo, pero se asocia su origen con el de la máquina de escribir, aparato que presenta como pioneros en su creación al inglés Henry Mill (1683-1771) y al italiano Giusseppe Pellegrino Turri (que en 1808 presentó su primera máquina). Para escribir correctamente, usando aquel invento, había que dar en la tecla adecuada. Resultó fundamental para el personal administrativo y escritores en general. Tal fue su expansión que durante mucho tiempo se incluyó la mecanografía en los planes de estudio de la enseñanza media. Hoy la frase indica acertar en algo que permite destrabar un problema, de menor o mayor complejidad.



Dar gato por liebre

Durante la Edad Media, en Europa, comenzaron a funcionar ciertas posadas o restaurantes para alojar viajeros. Allí se podía dormir y comer, pero las condiciones no eran de las mejores. A veces, la falta de carne de ternera (o vaca) hacía que se ofrecieran otros platos, aunque no siempre se aclaraba la situación a los clientes.  En el peor de los casos, se utilizaba carne de gato (muy similar a la de la liebre), motivo por el cual, los comensales intentaban protegerse diciendo: “Si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta del plato”. Imaginamos que esa especie de plegaria, cuando se trataba de carne de gato, nunca surtió efecto. Desde entonces se usa la frase para exponer un engaño típico o una estafa.


De noche, todos los gatos son pardos


Hace unos siglos, cuando la actual metrópoli de Madrid era, apenas, una gran aldea, a sus habitantes se los llamaba vulgarmente gatos. Como por las noches la iluminación era muy precaria, no resultaba para nada sencillo distinguir a un poblador de otro. De dicha circunstancia nace la frase de marras, apelando al color pardo que toman muchas cosas (entre ellas los felinos) cuando ya no hay luz solar que permita diferenciar los tonos con claridad. Hoy la usamos para describir situaciones en las que la confusión impide una clasificación o una diferenciación acertada de objetos o personas. No obstante, su uso más regular sigue siendo muy similar al inicial: dificultad para distinguir sujetos por las noches, sea por los problemas de visión en ese contexto o por las condiciones en las que se encuentra el que observa. Claro está que el aumento de andróginos que deambulan por las noches ha venido a complicar aún más las situación.




De punta en blanco

Ir de punta en blanco" significa ir vestido con la máxima corrección, elegancia y limpieza, luciendo las mejores galas.
La frase original era "ir armado de punta en blanco", y poco tenía que ver con la elegancia en el vestir, sino con la disposición a la lucha y a la batalla. En efecto, "de punta en blanco" significaba ir con la espada desnuda, fuera de la vaina, esto es, dispuesta para atacar. Cuando un caballero se disponía a entrar en combate o en un torneo, iba "armado de punta en blanco", lo que quería decir armado de pies a cabeza con todas las partes de su armadura y con la espada fuera de su funda y preparada para acometer y defenderse.
En aquellas épocas, la imagen del caballero totalmente equipado con sus arreos guerreros y listo para la pelea debía ser un espectáculo impresionante que quedó en la imaginación popular y que ha llegado hasta nuestros días. Con el paso del tiempo y la desaparición de esos soldados acorazados, la frase original fue perdiendo su significado primitivo para convertirse en sinónimo de elegancia y galanura en el vestir.


Discusiones bizantinas

Hoy la usamos para calificar alguna discusión o debate que se ha tornado demasiado extenso, intrincado o que no conduce a ninguna conclusión interesante. Todo nace en las reuniones y conversaciones que se daban en la antigua Iglesia Ortodoxa Griega, cuya sede era la ciudad de Bizancio (Constantinopla, hoy Estambul). Las discusiones eran por demás tediosas y prolongadas, en tanto que los temas, en muchas ocasiones, rozaban el absurdo. Uno de los debates más célebres fue aquel en el que se intentaba definir si los ángeles tenían sexo.



Divide y vencerás

Se cree que Filipo de Macedonia (382-336 AC), padre de Alejandro Magno (356-323 AC) y, por lo que parece, muy conocedor de la conducta humana, fue el creador de esta fórmula que antes tenía que ver, exclusivamente, con la guerra y la política. Hoy es utilizada popularmente a modo de recomendación o para hacer alusión a determinadas situaciones en las cuales una persona, mediante distintos ardides, divide a sus oponentes o potenciales rivales para alcanzar una victoria más sencilla. También suele formularse: divide y reinarás.


Donde aprieta el zapato

Según la historia, todo se remonta a una conversación entre un zapatero y un sacerdote. Habría ido el trabajador a visitar al párroco para pedirle consejo sobre su matrimonio, que estaba en crisis. El cura intentó  persuadirlo de que la relación aún podía mantenerse firme, pues él creía que su esposa era “bella, buena cocinera y correcta cristiana”. Ante esos argumentos, el zapatero habría utilizado una linda metáfora para rebatir. Tomó un par de zapatos y le dijo al cura que le diera su opinión sobre el calzado. El sacerdote señaló que eran “hermosos, hechos de buen cuero, que parecían cómodos…” Entonces el zapatero sentenció: “todo muy lindo, pero usted no sabe dónde me aprietan”. Así son las cosas cuando se juzgan desde afuera, sin tener todos los datos para considerar la situación.





Dorar la pildora






Antaño en las boticas (los antecedentes de las farmacias), los remedios se preparaban prácticamente a pedido. El médico despachaba la receta, y una vez recibida ésta en la farmacia, el farmacéutico debía elaborar las píldoras prácticamente a pulso. Antes, los compuestos químicos que debían ingresar al cuerpo tenían tan mal sabor como hoy en día, y por ende los farmacéuticos adoptaron la costumbre de dorar las píldoras que fabricaban para sus clientes, echándoles alguna substancia dulce encima, a fin de que no se sintiera el gusto del remedio por debajo. Hoy en día muchas pastillas vienen desde la fábrica con una recubierta de buen sabor por este motivo, pero en esa época, era parte del trabajo del farmacéutico el bañarlas en alguna substancia dulce y crear una costra con ella poniéndola al fuego (dorándola). De ahí que haya nacido la expresión "dorar la píldora", que saltó al léxico popular, y se utiliza todavía hoy, para referirse de manera metafórica al eximio arte de suavizar una mala noticia, de extraerle a una persona cauta o desconfiada algún favor o beneficio, o de proponer un negocio o asunto turbio de manera que no despierte sospechas.





El abogado del diablo



Se dice de todo aquel que discute, pelea o arenga sosteniendo conceptos, ideas o frases a las que tal vez no adhiere pero que le resultan útiles, eficaces u oportunas para salir victorioso de la contienda oral o legal en la que se inmiscuyó. A veces se acude a esta postura al sólo efecto de marcar contradicciones o falencias en el pensamiento o en la ideología de otro, para hacer notar su puntos flojos. Se conocía como Abogado del Diablo (también denominado Promotor de la Fe) al sacerdote doctorado en Derecho Canónigo que intervenía en los procesos de canonización de la Iglesia Católica y que se encargaba de exigir la comprobación de datos fidedignos que pudiesen llevar a una persona a convertirse en santo o en beato. El novelista australiano Morris West (1916-1999) escribió un libro llamado El Abogado del Diablo en 1945. El personaje protagonista es un sacerdote de El Vaticano que fiscaliza un proceso de canonización.


Echar margaritas a los cerdos

Se utiliza cuando piensas que alguien va a hacer algo que no merece la pena y que no va a servir para nada. Lo mismo que cuando alguien dice que ya ha hecho algo que pensamos que ha sido una tontería porque sabemos que no va a llegar a ningún lado.

Su origen esta en el Evangelio de San Mateo que dice así: ”No echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen con sus patas y luego se revuelvan para destrozaros a mordiscos”. Antiguamente a las perlas se las llamaba margaritas, la forma mas antigua de esta expresión es ”Echar perlas a los puercos”.



 El movimiento se demuestra andando

Expresión a la que se apela cuando queremos iniciar una tarea específica cuya realización se encuentra trabada o postergada por debates o planificaciones excesivas. Su autor fue el filósofo griego Diógenes, conocido como El Cínico (412- 323 AC), quien la exclamó en ocasión de una conferencia, efectuada por Zenón de Helea (490-430 AC, aprox.), en la que se ponía en duda la verdadera existencia del movimiento. Diógenes, cansado de la discusión, se paró ofuscado y se despidió con la frase en cuestión, considerando que tal prueba era suficiente para aclarar el tema.


El perro del hortelano

Extraída del viejo relato que tiene como protagonista a un perro que no come, ni deja comer, pues aquél can no se alimentaba de las verduras de la huerta pero vigilaba que nadie las tocase. En la actualidad se hace referencia a los sujetos que no disfrutan de algo y que, además, impiden que otros lo hagan, por envidia, por temor, estupidez u otra causa. Algunos creen que de esta frase derivó otra, mucho más vulgar, que incluye a un perro viejo. Dicho animal, totalmente desvinculado de las verduras, no ejerce ya actividad sexual y obstaculiza la de otros más jóvenes.



El quinto pino

Según nos cuenta la historia, durante el reinado de Felipe V en el Siglo XVIII se plantaron en una de las calles principales de la Madrid cinco pinos. El primero de ellos estaba en lo que hoy sería cerca de Atocha. Los demás, situados a una notable distancia unos de otros, seguían por todo el eje hasta llegar al punto donde hoy están Nuevos Ministerios, punto donde se alzaba el quinto y último pino.



La gente los utilizaba en aquella época para concretar sus encuentros, como hacemos ahora, por ejemplo, en el Oso y el Madroño o en Cibeles. Lo habitual era quedar en los dos o tres primeros ya que el quinto, el más alejado, quedaba a las afueras de la ciudad. 


Precisamente, en él solían quedar los enamorados para poder darse los besos y caricias que tan mal visto estaba darse en público por aquel entonces.
Fueron por tanto parejas de novios los que, en busca de algo de intimidad, se daban cita en ese punto, alejados de las miradas curiosas. Una costumbre que motivó una expresión muy utilizada varios siglos después, la de ubicar algo que está muy lejos en “el quinto pino”.






Empezar con el pie derecho 

Algunos creen que si seguimos esta indicación, por ejemplo al levantarnos o al ingresar a la cancha, la suerte estará de nuestro lado. También decimos “empezó con el pie derecho”, metafóricamente, 
cuando alguien empieza bien alguna empresa cotidiana. Era una costumbre en los rituales paganos de los pueblos antiguos. Quienes participaban de la ceremonia, al momento de subir al altar en el que se adoraban las divinidades, lo hacían apoyando inicialmente el pie derecho, creyendo que esa postura podía inclinar en su favor la simpatía de los caprichosos dioses.





Entre la espada y la pared

Es larga la tradición humana de pelear con espadas, armas fabricadas primero con madera y luego con metales. Toda vez que un espadachín lograba colocar a su oponente entre la punta de su espada y una pared, el pleito estaba definido y el final de la lucha quedaba librado a su voluntad: la muerte o el perdón. Hoy se recurre a dicha fórmula oral para describir aquellos casos en los que uno está envuelto en un gran aprieto y no sabe cómo salir de él. Más puntualmente, se aplica a las circunstancias en las que se debe tomar una resolución en la que, seguramente, y cualquiera sea la definición, quedaremos mal con alguna de las partes involucradas en el conflicto.




Estar en babia

Babia es una región de la española provincia de León. Durante la Edad Media, los reyes de la zona pasaban mucho tiempo instalados allí, pues era una localidad propicia para el descanso y la cacería. Pero claro, en el palacio, en más de una ocasión se reclamaba la presencia de su majestad para resolver todo tipo de temas y allí era cuando, muy seguido, la respuesta era: “el rey está en Babia”. El monarca estaba ausente y, a la distancia, era bastante poco lo que  podía resolver. Con el transcurso de los años, ya no hablamos de reyes ni de cotos de caza, sino que designamos a alguien que no tiene la concentración puesta en lo que debe.






Estar entre Pinto y Valdemoro  

Estar indeciso. Hay muchas teorías sobre esta expresión, pero la más conocida es la del borrachín que, en cierta ocasión, se entretenía saltando un arroyuelo que divide los dos términos municipales. En sus brincos de un lado a otro del arroyo decía: “ahora estoy en Pinto; ahora en Valdemoro”. Finalmente el borrachín cayó al río y admitió: “Ahora entre Pinto y Valdemoro”
Sin embargo, la frase “Entre Pinto y Valdemoro” parece tener un argumento histórico relacionado con un conflicto territorial en el siglo XII. Madrid y Segovia se disputaban ambos municipios. Finalmente, en 1239 el rey Fernando III el Santo asignó Pinto a Madrid y Valdemoro a Segovia, haciendo colocar hitos o mojones para dividirlos. Aún hoy en día se puede ver alguno de estos mojones. El caso es que durante la demarcación territorial, el rey estuvo hospedadoen la llamada Casa de Postas que estaba situada en aquel lugar. Cuando en la Corte preguntaban dónde estaba el rey, contestaban. “Entre Pinto y Valdemoro”.







Estar sin blanca 

Sabías...de dónde viene la expresión "estar sin blanca"?

La expresión popular "estoy sin blanca" que se utiliza en el lenguaje coloquial para expresar que no se lleva dinero encima o se anda escaso del mismo, procede de una moneda llamada Blanca del Agnus Dei acuñada en el año 1386 durante el reinado de Juan  de Castilla y León con motivo de las guerras contra el Duque de Lancaster. La moneda era de plata y cobre aunque de aspecto sumamente blanquecino. 





Es una bicoca 

Esta expresión se debe a una batalla, la batalla de Bicocca. En ella se enfrentaron fueron las de CarlosV, que eran principalmente espanolas e italianas, contra Francisco I, que eran francesas, suizas y aliados venecianos.Los dos monarcas se disputaban el dominio de Milán y por ende, el norte de Italia.

La batalla se desarrolló en torno a una pequeña fortificación (en italiano bicocca) que se encontraba a poca distancia al norte de los muros de Milán (actualmente Bicocca es el nombre de un barrio de esa ciudad). Los franceses eran superiores por tener ayuda de las tropas de piqueros mercenarios suizos.
Resistiendo los disparos de las tropas españolas de Próspero Colonna, avanzaron las tropas suizas en dos cuadros con paso firme hasta llegar al camino que separaba a ambos bandos. Al querer cruzarlo los suizos se vieron obligados a subir una cuestecita, que impidió que se avalanzasen con fuerza contra los españoles y les convirtió en el blanco perfecto de los arcabuceros, quienes abrieron fuego continuo contra los suizos.

Los suizos perdieron 3.000 hombres (entre los que se encontraban 22 capitanes), y se vieron obligados a retirarse sin llegar a entablar batalla real.






Fíate de la Virgen y no corras 


Su significado es el contrario del que podría entenderse, pues con esta expresión se le intenta decir a alguien que no se fíe de nada ni de nadie. "Sí, sí, tenemos mejores jugadores que ellos y vamos a ganarlos. Eso dicen todos, y el año pasado nos metieron tres... Tú fíate de la Virgen y no corras". Se cuenta que allá por los albores del siglo XIX un imprudente torero, invocando la protección de la Virgen, se dedicaba a hacer delante del toro todo tipo de temeridades, hasta que sufrió una fuerte cogida. Mientras trataba de huir de la cara del bicho, un espectador, con la fina ironía que da la crueldad, le espetó: «anda, fíate ahora de la Virgen y no corras». Otra interpretación sitúa el origen de la expresión en la primera guerra carlista, cuando en 1835 el pretendiente al trono, Carlos María Isidro, nombró a la Virgen de los Dolores generalísima de sus ejércitos. Días después, los carlistas, derrotados en Mendigorría, huyeron del campo de batalla. Los isabelinos crearon y difundieron entonces el dicho que nos ocupa.





Hablar en cristiano

En su origen significaba hablar en español, viene de una época en la que en España vivían musulmanes, judíos y cristianos, estos 2 primeros tenían su propio idioma, el árabe y el hebreo, así que hablar en español significaba hablar en cristiano para ellos.

En la actualidad tiene el significado de hablar claro y conciso, para que todo el mundo lo pueda entender.







Hablar hasta con el Papa

Eso suelen decir aquellos que han tenido que moverse mucho para resolver un problema. Tantos han sido los trámites realizados y tantas las personas con las que debieron hablar para intentar destrabar la situación que, se dice en broma, se habló hasta con el Papa. Reconocida es la fama y constatable la trayectoria que ostentan los Papas en eso de intervenir en conflictos ajenos para llegar a una solución pacífica; se trata de las famosas mediaciones. A veces el Sumo Pontífice en persona ha encabezado las negociaciones, mientras que en otras circunstancias la Santa Sede designa a un funcionario para que se encargue de dicha tarea.




Hacer la 13-14
Dicha expresión, hoy con un matiz peyorativo, se suele utilizar en aquellas situaciones en las que percibimos que alguien nos quieren engañar. Pero, por suerte, ya no es patrimonio exclusivo de los profesionales del mantenimiento y reparación de automóviles, sino que se trata de una expresión coloquial muy popular.

¿De dónde viene esta expresión?

Para encontrar el origen de esta expresión tenemos que situarnos en el taller, donde las llaves de tuercas son una herramienta habitual. Este tipo de llave de boca abierta y fija cuenta con un calibre distinto en cada extremo. Concretamente, las correspondencias de las llaves son 8-9, 10-11, 12-13, 14-15, 16-17, 19-22, 19-24, 24-27, 28-29 y 30-32. O lo que es lo mismo: la llave 10-11 tiene un calibre de 10 mm. en un extremo y de 11 mm. en el otro. Pero, en cualquier caso, lo que queda claro es que la correspondencia 13-14 no existe, sino que tenemos las llaves con las medidas 12-13 y 14-15.
En este sentido, el origen de la expresión arranca con la llegada de los aprendices a los talleres, donde los mecánicos con más experiencia solían hacerles buscar la llave 13-14 para recogijo de la concurrencia. Una pequeña maldad que hoy se ha convertido en una frase muy popular.
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Dicha expresión, hoy con un matiz peyorativo, se suele utilizar en aquellas situaciones en las que percibimos que alguien nos quieren engañar.

Para encontrar el origen de esta expresión tenemos que situarnos en el ámbito de los talleres de reparacion, donde las llaves de tuercas son una herramienta habitual. Este tipo de llave de boca abierta y fija cuenta con un calibre distinto en cada extremo. Concretamente, las correspondencias de las llaves son 8-9, 10-11, 12-13, 14-15, 16-17, 19-22, 19-24, 24-27, 28-29 y 30-32. O lo que es lo mismo: la llave 10-11 tiene un calibre de 10 mm. en un extremo y de 11 mm. en el otro. Pero, en cualquier caso, lo que queda claro es que la correspondencia 13-14 no existe, sino que tenemos las llaves con las medidas 12-13 y 14-15.

En este sentido, el origen de la expresión arranca con la llegada de los aprendices a los talleres, donde los mecánicos con más experiencia solían hacerles (buscar) la llave 13-14 para recogijo de la concurrencia. Una pequeña maldad que hoy se ha convertido en una frase muy popular.



Dicha expresión, hoy con un matiz peyorativo, se suele utilizar en aquellas situaciones en las que percibimos que alguien nos quieren engañar. Pero, por suerte, ya no es patrimonio exclusivo de los profesionales del mantenimiento y reparación de automóviles, sino que se trata de una expresión coloquial muy popular.

¿De dónde viene esta expresión?

Para encontrar el origen de esta expresión tenemos que situarnos en el taller, donde las llaves de tuercas son una herramienta habitual. Este tipo de llave de boca abierta y fija cuenta con un calibre distinto en cada extremo. Concretamente, las correspondencias de las llaves son 8-9, 10-11, 12-13, 14-15, 16-17, 19-22, 19-24, 24-27, 28-29 y 30-32. O lo que es lo mismo: la llave 10-11 tiene un calibre de 10 mm. en un extremo y de 11 mm. en el otro. Pero, en cualquier caso, lo que queda claro es que la correspondencia 13-14 no existe, sino que tenemos las llaves con las medidas 12-13 y 14-15.
En este sentido, el origen de la expresión arranca con la llegada de los aprendices a los talleres, donde los mecánicos con más experiencia solían hacerles buscar la llave 13-14 para recogijo de la concurrencia. Una pequeña maldad que hoy se ha convertido en una frase muy popular.
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Dicha expresión, hoy con un matiz peyorativo, se suele utilizar en aquellas situaciones en las que percibimos que alguien nos quieren engañar. Pero, por suerte, ya no es patrimonio exclusivo de los profesionales del mantenimiento y reparación de automóviles, sino que se trata de una expresión coloquial muy popular.

¿De dónde viene esta expresión?

Para encontrar el origen de esta expresión tenemos que situarnos en el taller, donde las llaves de tuercas son una herramienta habitual. Este tipo de llave de boca abierta y fija cuenta con un calibre distinto en cada extremo. Concretamente, las correspondencias de las llaves son 8-9, 10-11, 12-13, 14-15, 16-17, 19-22, 19-24, 24-27, 28-29 y 30-32. O lo que es lo mismo: la llave 10-11 tiene un calibre de 10 mm. en un extremo y de 11 mm. en el otro. Pero, en cualquier caso, lo que queda claro es que la correspondencia 13-14 no existe, sino que tenemos las llaves con las medidas 12-13 y 14-15.
En este sentido, el origen de la expresión arranca con la llegada de los aprendices a los talleres, donde los mecánicos con más experiencia solían hacerles buscar la llave 13-14 para recogijo de la concurrencia. Una pequeña maldad que hoy se ha convertido en una frase muy popular.
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Dicha expresión, hoy con un matiz peyorativo, se suele utilizar en aquellas situaciones en las que percibimos que alguien nos quieren engañar. Pero, por suerte, ya no es patrimonio exclusivo de los profesionales del mantenimiento y reparación de automóviles, sino que se trata de una expresión coloquial muy popular.

¿De dónde viene esta expresión?

Para encontrar el origen de esta expresión tenemos que situarnos en el taller, donde las llaves de tuercas son una herramienta habitual. Este tipo de llave de boca abierta y fija cuenta con un calibre distinto en cada extremo. Concretamente, las correspondencias de las llaves son 8-9, 10-11, 12-13, 14-15, 16-17, 19-22, 19-24, 24-27, 28-29 y 30-32. O lo que es lo mismo: la llave 10-11 tiene un calibre de 10 mm. en un extremo y de 11 mm. en el otro. Pero, en cualquier caso, lo que queda claro es que la correspondencia 13-14 no existe, sino que tenemos las llaves con las medidas 12-13 y 14-15.
En este sentido, el origen de la expresión arranca con la llegada de los aprendices a los talleres, donde los mecánicos con más experiencia solían hacerles buscar la llave 13-14 para recogijo de la concurrencia. Una pequeña maldad que hoy se ha convertido en una frase muy popular.
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Hacerse el longuis


Como la mayoría de vosotros sabréis, se utiliza el modismo ‘hacerse el longuis’ cuando queremos referirnos a alguien que se hace el distraído.
Al contrario de lo que muchas personas piensan, esta expresión no ha surgido recientemente ni proviene de ninguna jerga de los más jóvenes, sino que debemos viajar en el tiempo hasta la época de la Antigua Roma para encontrar su origen y etimología.
El término ‘longuis’ proviene de la palabra en latín ‘liongus’ cuyo significado es lejano/apartado y éste dio la palabra ‘longuiso’ para referirse a aquella persona cobarde que huía de una responsabilidad y que se escondía en algún lugar lejano y/o apartado para desentenderse de una obligación (estar requerido por la justicia, incorporarse al ejército, evitar contraer matrimonio…).
Fue a partir del término longuiso que nació la expresión ‘hacerse el longuiso’ que con los años se transformó en el popular ’hacerse el longuis’.




¿De dónde surge la expresión ‘hacer el agosto’ que se usa para referirse al que realiza un negocio rápida y fácilmente?
Hacer el agosto

Tanto la frase ‘hacer el agosto’, como su variante ‘hacer su agosto’, es la típica expresión utilizada comúnmente para referirnos al hecho de que alguien ha realizado un negocio rápida y fácilmente obteniendo unos pingües beneficios e incluso para señalar a aquellos que lo hacen sin costarle un gran esfuerzo o de forma algo dudosa.
Muchos son los que piensan que el origen de esta expresión proviene de las ganancias que obtienen los empresarios que se dedican al sector turístico y otras personas afines al ramo, gracias a la masiva presencia de turistas durante el verano.
Pero en realidad el origen de este modismo lo encontramos en una actividad que nada tiene que ver con las vacaciones sino con la agricultura.
Desde siempre, el verano ha sido el momento idóneo para realizar la cosecha de la mayoría de los cereales sembrados y el posterior almacenaje del grano tras el trillado, siendo el mes de agosto el de mayor actividad.
Una buena cosecha era sinónimo de abundante materia prima, buenas ganancias y dinero para el resto del año (o al menos para los meses de invierno en los que la actividad agrícola descendía a causa de las bajas temperaturas).
Los que también se beneficiaban de esto eran los temporeros, quienes trabajaban duramente a lo largo del verano acudiendo a las diferentes vendimias y recolecciones y sacaban suficiente dinero para el resto del año (o buena parte de él).
Con el tiempo las expresiones ‘hacer el agosto’ o ‘hacer su agosto’ se convirtieron en sinónimo de buen negocio y ganancias abundantes de casi cualquier actividad, sin importar en qué época del año se lleve a cabo y de qué modo.


Hacerse el sueco 

Desentenderse. Simular que no se comprende o no se entiende determinado asunto con el fin de no involucrarse demasiado. La explicación más lógica es la que señala que los visitantes de Suecia eran incapaces de comprender la lengua castellana y, por tanto, se desentendía de cualquier asunto que no les afectara directamente.



Harina de otro costal

Frase muy antigua que se utiliza para significar que cierto tema u objeto no debe mezclarse con otros por ser de muy distinta naturaleza. El procesamiento del trigo (o del grano de otra planta) tiene una larga historia en el recorrido de la humanidad, especialmente con la idea de convertirlo en un polvo que luego se transformará en pan. Hay que decir que no sólo del trigo hay harina, sino también de otros granos, como los del maíz. Lo cierto es que harinas las hay de distinto tipo y calidad, por ello es preciso no mezclarlas, no ponerlas en un mismo costal (saco, bolsa o contendor).T


Ha pasado un ángel  

Se dice cuando se produce un silencio incómodo en medio de una reunión o se corta una conversación súbitamente.

Antiguamente, cuando los familiares de un muerto se ponían a hablar y el nombre del difunto era dicho en voz alta, era probable según sus creencias que este pasara, y por ello callaban. La antigua devoción por los espíritus pudo sugerir también esta expresión, como señal de respeto y temor.



Hay gente pa to


¿Sabes de dónde viene la frase «hay gente pa tó»?
Rafael El Gallo y Ortega y Gasset
Esta categórica frase se pronunció en una fiesta celebrada en un hotel de Madrid, cuando al torero Rafael el Gallo le presentaron a José Ortega y Gasset. El genio sevillano preguntó quién era «aquel gachó con pinta de estudiao», a lo que le respondieron: «Es filósofo». «¿Filo qué, ezo qué e?», dijo el matador. 


Alguien le explicó en qué consistía tal profesión, que era un señor que analizaba el pensamiento de la gente, que escribía doctrinas orientadas a conocer mejor el obrar de las personas. El Gallo, estupefacto, guardó silencio unos segundos. Hasta espetar con gracia: «Hay gente pa tó»


Precisamente el gran filósofo ensalzaba la Fiesta, con sentencias así: «La historia del toreo está ligada a la de España, tanto que sin conocer la primera, resultará imposible comprender la segunda». O esta otra: «Ahora no se torea. Hoy se hace estilo, y así como el artista oculta la falta de densidad humana con el artificio, los toreros de hoy ocultan en el estilo la ausencia de arte».


Ortega y Gasset, en su Tratado Taurino, fue más allá: «Es un hecho de evidencia arrolladora que, durante generaciones, fue, tal vez, esa Fiesta la cosa que ha hecho más felices a mayor número de españoles... Sin tenerlo con toda claridad, no se puede hacer la historia de España desde 1650 a nuestros días». Y proclamaba: «He hecho lo que era mi deber de intelectual español y que los demás no han cumplido: he pensado en serio sobre ella».


Aquella famosa anécdota se le ha atribuido también a otros dos toreros, El Guerra y Lagartijo, aunque la mayoría se la asigna a El Gallo. «Tie que habé gente pa tó». Incluso «pa ná».


Irse de picos pardos 


Significaba irse con prostitutas o con mujeres de vida alegre. Con parecido sentido la utilizamos hoy en día, aunque de forma más genérica indicamos con ella el irse de juerga, de diversión o de jarana, normalmente refiriéndose a personas del sexo masculino que buscan la compañía del otro sexo. 
Esta frase, que puede resultar incomprensible, en realidad tiene una explicación muy sencilla. En el pasado, y por ley, se obligaba a las prostitutas, para revelar su condición y que nadie se llamara a engaño, a vestir una especie de jubón o mantilla que tenía sus extremos, o sea, sus picos, de color pardo. Igualmente, no podáin lucir ciertas prendas, como sombrillas, guantes o vestidos talares. De esta manera se pretendía distinguir a las llamadas mujeres públicas de las mujeres supuestamente decentes.




Jesús !!! (o en su defecto ‘salud’) 

Cuando vemos a alguien estornudar. Esta costumbre adquirida desde pequeños se remonta a tiempos inmemoriales, incluso antes del nacimiento del propio Jesucristo.
El estornudo y la divinidad han estado siempre ligados. Los griegos, por ejemplo, decían ‘vivid’ a aquel que estornudaba, mientras que los romanos siempre que oían estornudar decían ‘salve’ al afectado.

La leyenda cuenta que durante una epidemia de peste en Roma en el año 591, los afectados morían estornudando. Aquellos que se topaban con esta escena decían en alto ‘Dios te bendiga’. Se pretendía con ello que Dios les alejase del peligro. Después el término se simplificó en ‘Jesús’ o ‘salud’, aunque en los países de habla inglesa se mantuvo como ‘Bless you’ (Dios te bendiga).
Lo que está claro es la relación existente entre lo que se dice tras el estornudo y la invocación a la divinidad. En la actualidad muchos de aquellos no creyentes usan el término ‘salud’, para así evitar realizar referencias religiosas.


La caja de Pandora

Según la mitología de los griegos, Zeus se ofuscó mucho con los humanos y le ordenó a Hefesto que modelara una figura similar a las diosas, a la que éstas debían otorgarle dones. Así nació Pandora, la primera mujer, a la que Hermes le agregó la malicia. Ya en la tierra, la criatura abrió por curiosidad una vasija en la que Prometeo (el titán que robó el fuego sagrado de los dioses para hacer los hombres) había colocado todos los males. De tal forma, Pandora desató todas las pestes sobre nuestro planeta. Algunos añaden a la historia que en el fondo del contendor estaba la esperanza. “Abrir o destapar la caja de Pandora”, en la actualidad, indica que se puso al descubierto algo que puede acarrear consecuencias nefastas o imprevistas, aunque no haya sido la intención original, pues el que realiza la tarea que desencadena los acontecimientos quizás no tiene conciencia al respecto. 


La espada de Damocles

Una historia de dudosa existencia, cuyo relato pertenece a Timeo de Tauromenio (356-260 AC), luego retomada por Cicerón (106-43 AC) y Horacio (65-8 AC), nos habla de Damocles, un ciudadano de Siracusa que envidiaba la posición del soberano del lugar: Dionisio II (h 397-343 AC). El rey le propuso ocupar su lugar por un día, a lo que Damocles accedió. Cuando visitó el palacio para cumplir lo prometido, se sentó en un trono en el que todo parecía estar bien, hasta que observó que una espada pendía de punta sobre su cabeza, sostenida por la crin de un caballo. Allí comprobó Damocles que al placer de gobernar y de tener poder siempre lo rodea una atmósfera cargada de amenazas y de presiones. Metafóricamente, se la usa para señalar situaciones en las que nos rodea un peligro constante.

Lagrimas de cocodrilo

 Este dicho es tan popular como antiguo, se utiliza cuando una persona llora falsamente, finge llorar.

Viene del antiguo Egipto donde se creía que los cocodrilos al comerse a sus presas lloraban, aunque hoy día se sabe que lloran porque al utilizar su saliba, segregan lágrimas simultáneamente. Por eso creía los egipcios que eran unos falsantes y mentirosos.


La manzana de la discordia

Se dice de una persona, de un objeto o de un ente cualquiera que sea la causa de un conflicto, de un hecho desgraciado, negativo o trágico. En primer término y con justa razón, uno puede asociar la frase con la manzana de la Biblia, aquella por la que Adán y Eva fueron arrojados del Paraíso terrenal, pero no es así. La verdadera manzana de la discordia la encontramos en un mito griego, en ocasión de la boda de Tetis y Peleo. A tal acontecimiento la diosa Eris no fue invitada, motivo por el cual, en venganza, envió a modo de regalo, una manzana de oro para ser entregada a la mejor y más hermosa de las diosas. De inmediato todas las damas (diosas en el sentido más legítimo del término) comenzaron a disputarse aquel trofeo. La contienda quedó reducida a sólo tres candidatas: Atenea, Rea y Afrodita. La decisión resultó tan delicada que ninguna deidad quiso tomar la responsabilidad y así fue que Paris, príncipe troyano, fue elegido para tal fin. Las finalistas intentaron todo tipo de seducciones con el joven y le ofrecieron diferentes favores. Paris finalmente se inclinó por la oferta de Afrodita, quien le prometió el amor de la bellísima y codiciada Helena, reina griega. Con el tiempo, aquella decisión provocó el tempestuoso romance entre Paris y Helena que, a su vez, desencadenó la legendaria Guerra de Troya. 




Lavarse las manos

Usada para las situaciones en que una persona, pudiendo tomar parte, decide no intervenir en un asunto específico, generalmente, por temer las consecuencias potenciales. La frase se acuñó a partir de la actitud que tomó Poncio Pilato (no hay datos precisos sobre su nacimiento ni acerca de su muerte), Procurador romano en la colonia de Judea entre los años 26 y 37, cuando no encontró culpable a Jesús (0-33), acusado de agitación social por el Sanedrín. No obstante, presionado por los sacerdotes judíos, llevó al reo a juicio público. Como para las Pascuas solían otorgarse indultos, Pilatos libró al criterio del pueblo la elección entre Jesús y Barrabás, un delincuente común pero con algunos adeptos. Cuando los hebreos se inclinaron por el afamado ladrón y condenaron a Cristo, Poncio Pilatos se lavó las manos y dijo: “Inocente soy yo de la sangre de este justo” (Mateo 27.24).




Le salió rana  

Significa que le salió mal un asunto o le salió mala o traidora una persona. Alude a la pesca y por contraposición al pez. Debe de estar en relación con la frase Salga pez o Salga rana, modismo muy usual, no explicado por la Academia, y que equivale a salga lo que saliere, expresando la resolución de hacer una cosa en que hay riesgo, cualquiera que sea su resultado.



Los años no pasan en balde


Su significado viene a decir que el tiempo hace mella y no transcurre en vano. La teoría más comentada sobre el origen de este dicho proviene de la transmisión que hizo Miguel de Cervantes de las vivencias de un personaje que conoció durante su cautiverio.Resulta que el tal sujeto conocido por Cervantes era de Castilla la Vieja, y llamado Rodrigo. Le narró su apresamiento a manos de los moros y su confinamiento a galeras. Se le encomendó, aparte de la función de remero, la de achicar el agua que entraba en la bodega. El balde que usaba para tal cometido fue su compañero de viaje durante meses. En ese tiempo, en el que envejeció sobremanera, reunió el dinero suficiente para comprar su libertad y siendo transportado por el barco que le llevaba de vuelta al hogar tuvo la mala fortuna de ser apresado de nuevo y por un capricho del azar vuelto a ser recluido en la misma galera. Al ver el cubo que le había acompañado durante el tiempo anterior dijo con una triste ironía: "Los años no pasan en el balde, pero en mi sí".

Esa frase se ha transformado hasta llegar a nuestros días tal y como la conocemos.



Los tiempos de Maricastaña

Cuando nos referimos a "los tiempos de Maricastaña", aludimos a una época indeterminada, pero en todo caso remota y antigua, dicho con énfasis exagerado.
Es éste un personaje proverbial y desconocido, mujer probablemente mítica y a la que imaginamos muy anciana existió realmente y fue una bravía mujer, esposa de un tal Marín Cego que vivió en Lugo durante el siglo XIV y que fue cabecilla de un grupo popular que se oponía al pago de los impuestos abusivos que recaudaba el obispo de aquella diócesis gallega.
En este enfrentamiento se llegó a la lucha armada e incluso se alude a que esta mujer mató con sus propias manos al mayordomo del prelado.


Mandar al carajo


La frase suele completarse con otros vocablos. Generalmente se manda a alguien al carajo, es decir, a un lugar poco deseado, evitando expresar un término más vulgar. En realidad se trataba de un sitio no querido por muchos marineros, ya que la historia se genera en las antiguas embarcaciones. El carajo era la canasta o cesto ubicado en el palo mayor (denominado verga) del barco en el que alguien oficiaba como vigía, oteando el horizonte y notificando las novedades que pudieran surgir a la distancia. La situación allí era comprometedora, pues se trataba de un lugar estrecho, de difícil acceso y en el que el oleaje se hacía sentir como en ningún otro lado de la nave.

 

Martes 13

Suele completarse con una advertencia: “no te cases ni te embarques”. El número 13 presenta malas connotaciones desde la antigua Grecia, pero la tradición cristina también agregó argumentos: había 13 sentados durante la última cena de Jesús y el pasaje bíblico del Apocalipsis está ubicado en el capítulo 13. Martes proviene del dios romano de la Guerra, que involucra muerte y sangre. Ambos motivos conjugados en una fecha hicieron suponer el arribo de grandes problemas. Otras culturas, como la escandinava y la anglosajona, mantienen los malos augurios para los días 13, pero en este caso asociados con los viernes. En este caso, una saga de películas bastante mediocre iniciada en los ´70, también ayudó a la consolidación de la expresión.




Más chulo que un ocho


Hace alusión al tranvía número 8 que circulaba en Madrid a principios del siglo XX. Sus vetustos vagones unían la Puerta del Sol con San Antonio de la Florida, cuya tradicional verbena atraía a numerosos ‘chulapos’ -personajes castizos de la capital española-.

Chulapos y chulapas iban ‘de punta en blanco’ en el citado tranvía; ‘como un pincel’ y/o ‘más chulos que un ocho’.




Matar al mensajero


 En la actualidad se considera, con mucho sentido común, que aquel que da a conocer las novedades no es el culpable de su contenido. De allí surge tal frase, pero se trata de una expresión que ha mutado con el correr de los años. En la antigüedad era más breve: “Matar al mensajero”, y vaya si se correspondía con la realidad, pues los que portaban malas noticias para las autoridades, directamente, perdían la vida. Ya en la Edad Media, la costumbre se morigeró, pues sólo se los torturaba. Uno imagina que, por entonces, nadie tenía vocación de cartero, motivo por el cual se deduce que se enviaban las malas nuevas con esclavos, personas detestadas o sentenciadas, siempre corriendo el riesgo que el emisario se extraviara en el camino, fundadamente espantado de finalizar su temeraria labor.



Medias tintas
 Fórmula que destaca la poca claridad, la ambigüedad, la irresolución o la duda en una acción o en un tema. Se dice que algo o alguien está a “media tinta” cuando no asume una posición concreta o definitiva. La frase parece derivar de los escritos que fueron elaborados con una tinta de mala calidad, con poca tinta o cuya tinta, con el paso del tiempo, se ha borroneado. Lo expuesto, derivaría en una lectura dificultosa y, por consiguiente, también en una interpretación poco clara.

Merienda de negros
El modismo merienda de negros se emplea en sentido figurado como sinónimo de confusión y desorden, según la Real Academia de la Lengua Española. El origen de esta frase se remonta a los tiempos de la trata de esclavos negros, que eran considerados desordenados, anárquicos y primitivos. Tras una durísima jornada de trabajo, los operarios negros se reunían para comer, cambiar opiniones y cantar al ritmo del tam-tam, algo que los amos blancos tachaban de jolgorio. De ahí que cuando algo se desmadra o existe una desorganización respecto a algo se diga la expresión: "se ha convertido en una merienda de negros".
 
Uyyyyy, que me he equivocado de foto
 
Meter cizaña

Fórmula verbal a la que se apela para indicar que alguien pretende entorpecer alguna acción merced a recursos condenables, pero más habitualmente, usada para denunciar que alguien propicia un clima de conflicto entre otros, por diversión o para obtener cierto beneficio. La cizaña es una planta gramínea que crece naturalmente junto al trigo. Si no se controla su desarrollo, termina perjudicando a la planta de la que se obtiene la harina más preciada, razón por la cual hay que extirparla lo antes posible. 


Meterse en camisa de once varas

Se origina en el ritual de adopción de niños, en la Edad Media. El padre adoptante debía meter al adoptado dentro de una manga muy holgada de una camisa de gran tamaño tejida al efecto, sacando al pequeño por la cabeza o el cuello de la prenda. Una vez recuperado el niño, el padre le daba un fuerte beso en la frente como prueba de su paternidad aceptada. Es bueno aclarar que la vara (835,9 mm) era una barra de madera o metal que servía para medir cualquier cosa y la alusión a las once varas es para exagerar la dimensión de la camisa que, si bien era grande, no podía medir tanto (serían más de nueve metros). Más allá de la ridícula ceremonia antes bosquejada, adhiero a la idea que sostiene que criar hijos (adoptados o no), de alguna manera, es meterse en camisa de once varas. La expresión hoy se aplica para advertir sobre la inconveniencia de complicarse innecesariamente la vida.




Me importa un bledo

Un bledo es una acelga, y "dársele o importarle a uno un bledo" una cosa o persona significa sentir hacia ella la más absoluta indiferencia o desinterés. Un bledo es una hortaliza  desabrida, si no los guisan con aceite, agua, sal y vinagre y especias".




Me lo ha contado un pajarito


Es dicho antiquísimo. En la Biblia y en el capitulo X del Eclesiastés se lee: "Ni en los secretos de tu cámara digas mal del rico, porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra".
Foto: De10.mx En la "Historia de las dos hermanas", último cuento de Las mil y una noches, hay un pájaro verde que habla y revela al Sultán el verdadero origen de los príncipes Bahman y Perviz y de la princesa Parizada.
Una paloma blanca llegó volando desde Inglaterra a Roma en el siglo IX y se posó en el altar de San Pedro, depositando un pequeño rollo de pergamino donde se refería el martirio que acababa de sufrir San Kenelm.




Morder el polvo

Los caballeros de la Edad Media, cuando se sentían mortalmente heridos, tomaban un puñado de tierra y lo mordían, como beso postrero a la Madre Tierra, que los había sustentado y que ahora iba a recibirles en su seno.




Mucho ruido y pocas nueces

Metafórica alusión aplicada a aquellos casos en que hay demasiados preparativos o alardes y las consecuencias o los contenidos son pobres o bien no alcanzan a satisfacer las  expectativas. Dicen que nació en 1597, en una estrategia usada por el capitán Hernán Tello de Portocarrero para que sus tropas españolas pudiesen ingresar en Amiens, durante las guerras de Flandes. El militar habría arrojado intencionalmente unas canastas llenas de nueces en el ingreso principal a dicha plaza enemiga, provocando mucho ruido y la distracción de los vigilantes. Lo dicho no está corroborado por los historiadores, si bien es real que la toma de Amiens fue insólita. Dicha frase, además, fue el título de una obra del afamado dramaturgo británico William Shakespeare (1564-1616), quien la escribió allá por 1600. En ella se critica el acartonamiento de la sociedad italiana de la época (la escena se desarrolla en Messina), cuando las formalidades ocupaban un irritante lugar de privilegio.




No dar un palo al agua

Su origen se encuentra en el lenguaje marinero. Con palo se designaba a los remos, por forma alargada, similar a un palo. Con esta expresión se indicaba la no colaboración con el resto de los remeros en la tarea de desplazar la embarcación.




No ha venido ni el Tato

Son innumerables las ocasiones en las que citamos al Tato. Porque a veces «no ha venido ni el Tato» o «no le gusta ni al Tato» o «no le acompaña ni el Tato». Pero, ¿quién es este señor y por qué está en tantas expresiones?



El Tato fue el apodo de Antonio Sánchez, un conocido torero español que nació y murió en Sevilla. Vivió entre 1831 y 1895. Una de sus principales características es que no se perdía nada, acudía a todas las corridas y a todos los eventos sociales a los que podía. De hecho, ni cuando le amputaron una pierda tras una cogida dejó de asistir a todas las citas que podía ni se apartó de los ruedos.
Cuando el Tato no aparecía, se solía decir que no había venido ni el Tato, como dando a entender que el evento no sería tan importante si él no había ido. 

Así fue evolucionando hasta nuestros días, apareciendo el Tato en distintas expresiones según las necesidades del hablante.


Ni chicha ni limonada


Equivale a no tener algo un valor específico, ser una media tinta, a no ser ni una cosa ni la otra o, directamente, a no servir en absoluto. La chicha es una bebida alcohólica que resulta de la fermentación del maíz en agua azucarada. La limonada, más conocida, es una bebida hecha en base al limón. De allí surgió, en ciertas reuniones festivas de algunos países de Latinoamérica, el dicho “ni chicha ni limonada”, para advertir a los concurrentes que no hay o no quedan ni bebidas alcohólicas ni refrescantes.


No es moco de pavo

Se usa para indicar el valor real de algo que otra persona no tiene en cuenta. Se dice que su aceptación popular se dio en la España del siglo XVI. Por entonces, cuando los rufianes robaban un reloj de bolsillo, solía quedar colgando la cadena del mismo, desde el bolsillo de la víctima.  De tal forma, el reloj era el pavo (lo que valía) y la cadena (sin valor) el moco, aludiendo a la membrana fláccida que tiene el citado animal encima de  su pico




No hay moros en la costa


Indica que el camino está libre de obstáculos o de peligros. Se explica apelando a la historia de los pueblos europeos lindantes con el mar Mediterráneo, que tuvieron que lidiar durante siglos con los moros , entendiendo por éstos a los musulmanes, en especial los provenientes del norte de África. Muchas civilizaciones desarrolladas en el cercano oriente arremetieron contra la cristiandad del Viejo Continente por distintas vías, pero una de las predilectas fue la marítima. Cada vez que un habitante de España, Francia o Italia pensaba en acercarse a las costas mediterráneas, antes debía observar si estaba libre de moros.




No hay tu tia

En la medicina del medioevo, el hollín que resultaba de la fundición y purificación del cobre era procesado para transformarlo en ungüento. A la pomada resultante se atribuían excepcionales virtudes curativas para casi todos los males. El remedio era llamado atutía o tuthía, y era aplicado especialmente para problemas de la vista. El dicho “no hay tuthía” se empleaba para indicar que una enfermedad no tenía remedio ni siquiera usando el virtuoso preparado. Con el tiempo, la frase se deformó hacia “no hay tu tía”, significando que no hay solución o arreglo posible en una situación dada, que puede no estar vinculada con cuestiones de la salud. Desde que mutó ya nadie piensa en la primitiva crema curativa, pues todos crecimos suponiendo que existía alguna tía entreverada en el asunto.


No sabe ni jota


Significa saber poco o nada respecto de alguna temática en particular. La letra que hoy conocemos como J reconoce orígenes hebreos, pero luego fue recogida por el alfabeto griego, en el que se la denominó iota. Esta letra era la más simple de escribir, pues se representaba con el simple palito, sin el punto que hoy exhibe. No saber escribir la jota (es decir, la iota) era un dato que revelaba toda la ignorancia de un individuo: si no sabe eso, no sabe nada. Por aquellos años y basada en este argumento parece que empezó a formarse la frase.


Este conocido modismo podemos encontrarlo también en la forma ‘no saberse de la misa la mitad’ y sus orígenes se remontan al siglo XVI.

Por aquel entonces muchas eran las parroquias que atender (la mayoría muy distanciadas las unas de las otras) y muy pocos los sacerdotes disponibles para llegar a todas y oficiar la correspondiente misa.

Fue por ello que comenzó a echarse mano de los clérigos que, aunque estaban un escalafón por debajo de los sacerdotes o incluso sin ordenar,  podían realizar tareas como la de celebrar una misa. Pero claro, eran tiempos en las que éstas se impartían en latín y no todos los diáconos tenían los suficientes conocimientos del idioma, por lo que solían aprendérsela de memoria y la recitaban de carrerilla.

Esto provocó infinidad de situaciones en las que por algún motivo podían ser interrumpidos, perdían el hilo o una mínima distracción les hacía quedar en blanco y no saber cómo continuar, lo que dio a que naciera la expresión ‘no se sabe de la misa la media’ en clara referencia a lo poco preparados que iban estos clérigos.

Como nota curiosa, cabe destacar que éstos también eran conocidos como ‘clérigos de misa y olla’, debido a que por su escasa preparación tan solo tenían facultades para oficiar la misa y comer.



No saber de la misa ni media

Este conocido modismo podemos encontrarlo también en la forma ‘no saberse de la misa la mitad’ y sus orígenes se remontan al siglo XVI.

Por aquel entonces muchas eran las parroquias que atender (la mayoría muy distanciadas las unas de las otras) y muy pocos los sacerdotes disponibles para llegar a todas y oficiar la correspondiente misa.

Fue por ello que comenzó a echarse mano de los
clérigos que, aunque estaban un escalafón por debajo de los sacerdotes o incluso sin ordenar,  podían realizar tareas como la de celebrar una misa. Pero claro, eran tiempos en las que éstas se impartían en latín y no todos los diáconos tenían los suficientes conocimientos del idioma, por lo que solían aprendérsela de memoria y la recitaban de carrerilla.

Esto provocó infinidad de situaciones en las que por algún motivo podían ser interrumpidos, perdían el hilo o una mínima distracción les hacía quedar en blanco y no saber cómo continuar, lo que dio a que naciera la expresión ‘no se sabe de la misa la media’ en clara referencia a lo poco preparados que iban estos clérigos.

Como nota curiosa, cabe destacar que éstos también eran conocidos como ‘clérigos de misa y olla’, debido a que por su escasa preparación tan solo tenían facultades para oficiar la misa y comer.





No tener escrupulos

Si se efectúa un sondeo entre la gente, la definición más probable de escrúpulos sería: esas cosas que nos hacen sentir culpables y que se encuentran en la moral o en la conciencia de cada individuo. No está mal, pues el término se escucha y se pronuncia, exclusivamente, gracias a ésta frase que lo contiene. ¿Qué son los escrúpulos? Unas piedritas muy pequeñas, esas que suelen introducirse en los zapatos provocando notorias molestias y que obstaculizan la marcha u obligan a detenerse. Pasando en limpio y acercándonos al sentido popular: si tenés escrúpulos, no vas a seguir adelante tan tranquilo. La incomodidad física se trasladó a otras esferas para designar aquella situación en la que alguien, al momento de hacer algo que está mal a la vista de la mayoría, o luego de ejecutarlo, no presenta el menor trastorno o el mínimo sentimiento de culpa. Obró sin escrúpulos, sin algo que lo frenara.



Ojo por ojo ........


Sentencia secular que entraña una venganza con pretensiones de justicia o, al menos, equidad. Ya en épocas remotas era común dirimir contiendas o pleitos por esta vía extrema. Es una síntesis emblemática de la legendaria Ley del Talión, en la que se basó el recordado soberano Hammurabi (1792-1750 AC), rey de Babilonia, para elaborar su afamado código. Más tarde, el mismo Jesucristo (0-33) se refirió a esta cuestión pero para indicar que los auténticos cristianos debían contestar una agresión “poniendo la otra mejilla”, contrariando el valor implícito en la vieja expresión. En la actualidad son pocas las culturas que aceptan su contenido; la mayoría deja la venganza en manos del Estado.


O.K. 

Durante la guerra civil en Estados Unidos, cuando regresaban las tropas a sus cuarteles sin tener ninguna baja, ponían en una gran pizarra "0 Killed" (cero muertos). De ahí proviene la expresión 'O.K.' para decir que todo esta bien. Su expresión con el dedo pulgar en alza proviene de los circos romanos, donde el emperador perdonaba, con este gesto, la vida al gladiador derrotado.




Pagar el pato

La mayoría considera que se trata de un pato que fue usado como plato principal en un almuerzo o cena. No obstante, la historia más creíble, y  menos cómica, nos indica que nace a partir de la deformación del término pacto, usado por los judíos radicados en suelo español hace siglos. Para los hispanos era ese el pato que debían pagar los hebreos por adorar imágenes de animales en sus templos, las sinagogas, hecho éste que los católicos consideraban un sacrilegio. “Pagar el pato” (es decir, pagar por el pacto con Dios que los judíos proclaman desde la época de Abraham), en aquella situación, aludía a una reprimenda con cierta cuota de violencia y no, necesariamente, a abonar una determinada cantidad de dinero. En la actualidad, “pagar el pato” es hacerse cargo de algo, sea asumiendo una culpa, reparando un daño o  entregando plata.




Pasar más hambre que un maestro de escuela 

Tener dificultades económicas y hambre. Alude a la condición de los maestros en la Historia de España. Con sueldos de miseria y viviendo en condiciones precarias, los maestros de escuela eran la imagen viva de la pobreza.. A finales del siglo XVIII se procuró establecer un sistema de enseñanza público que, en ocasiones, dependía de los ayuntamientos, de instituciones caritativas o de las propias familias, lo cual no mejoró mucho y la calidad de la educación ni las condiciones económicas de los maestros. El debate sobre los presupuestos para la educación  continuó durante todo el siglo XIX, pero el acceso a la cultura seguía siendo restrictivo y ser maestro de escuela era casi una maldición.


Poner en tela de juicio

Usada cuando tenemos dudas acerca del éxito, la certeza o la legalidad de alguna cosa. Su origen puede hallarse en la antigua Roma, en los distintos vericuetos que siempre presenta el Derecho, y más precisamente en los casos que estaban pendientes de averiguaciones previas para poder llevarlos adelante o resolverlos. Esos casos estaban “en tela de juicio”, pero no una tela que pudiésemos vincular con un tejido,  ya que esta tela proviene de “telum”, en latín plural de palestra o empalizada (para esta situación imaginemos un cuarto cerrado), donde se archivaban temporalmente los expedientes cuya resolución debía esperar. Más sencillo: casos a los que le faltaban datos para seguir con la investigación; los expedientes correspondientes se archivaban en un sitio llamado telum. Por la ausencia de pruebas, por no estar concluidos, sobre ellos recaían dudas.


Poner las manos en el fuego

Frase utilizada para demostrar la adhesión total o la creencia ciega en algo o alguien. Su génesis puede hallarse en el llamado Juicio de Dios u Ordalía. Se trataba de un rito pagano practicado por los pueblos llamados bárbaros, pero en especial por los germanos, para determinar la culpabilidad de una persona involucrada en un delito o en un pecado grave. Si el sospechoso salía ileso o con pocas quemaduras, luego de exponer sus manos al fuego, era declarado inocente. Cualquiera puede suponer que resultaba absolutamente imposible no quemarse, motivo por el cual el juicio era casi una farsa y la responsabilidad del imputado quedaba siempre demostrada. Sólo si obraba un verdadero milagro el reo alcanzaba el perdón. La historia no registra ningún caso de inocencia.




Poner los cuernos 

Como acepción de infidelidad tiene su origen en los vikingos. Sus jefes podían escoger entre todas las mujeres jóvenes de su territorio a la que estimaran más convenientes para contraer matrimonio o simplemente como amante, si éstas estaban casadas. Cuando el jefe hacía efectivo este derecho, en la puerta de la joven se colocaba una enorme cornamenta de alce, naciendo la famosa frase: “Te pusieron los cuernos” o “eres un cornudo”. 


Poner los puntos sobre las ies


Cuando en el siglo XVI se adoptaron los caracteres góticos era fácil que dos íes se confundieran con una "u". Para evitarlo se colocaban unos acentos sobre ellas, que con el tiempo se convirtieron en los puntos de la i latina actual. 




Ponerse las botas

Procede de la época de romanos y bizantinos, cuando llevar este tipo de calzado era sinónimo de pertenencia a una clase social alta.
Al parecer, tan sólo los caballeros ricos y poderosos lucían entonces calzado alto, mientras que el resto, las clases más bajas, llevaban zapatos bajos. Esta circunstancia era susceptible de cambio; es decir, alguien sin dinero podía verse beneficiado de repente por un golpe de fortuna, momento en el que se decía de él que se ‘había puesto las botas’.
Actualmente, la expresión ‘ponerse las botas’ conlleva en ocasiones un matiz negativo. Es como si quienes se pusieran las botas se sirvieran para ello de actos ilícitos o lo hicieran empleando mala fe, aunque no siempre se usa la expresión con este sentido.




Poner toda la carne en el asador

Claro está que significa no guardarse nada en una acción determinada, como quien dice echar el resto, hacer hasta el último esfuerzo para conseguir algo. Lo único que puede llevar a confusión es que en el asador, generalmente, se coloca un animal entero para cocinar (en especial si se trata de un chivo o de un cordero), motivo por el cual parece más adecuado “poner toda la carne en la parrilla”, hecho que sucede con mayor frecuencia, cuando alguien no quiere quedarse corto con la comida en una reunión.


Por arte de birlibirloque

Tal y como cita José Mª Iribarren en su libro El porqué de los dichos: "el verbo birlar significa en el juego de bolos, tirar segunda vez la bola desde el punto donde paró la primera, que, como suele ser cercano a los bolos, proporciona el derribar muchos. Después de esta primera acepción, el Diccionario de la Academia pone como segunda el propio verbo: matar o derribar a alguno de un golpe, con escopeta, ballesta u otro instrumento. Metafísicamente equivale birlar, según la misma autoridad, a conseguir uno el empleo que otro pretendía. En germanía o caló, birlar significa estafar, y birloque o birbesco, ladrón. Con estos antecedentes, ¿habrá fundamento suficiente para presumir que arte de birlibirloque sea una frase imitativa, equivalente a arte de birlar, hurtar o estafar de repente, por sorpresa, con destreza o maestría?"




Por h o por b

Al iniciarse una persona en la escritura, resulta muy común que encuentre serias dificultades con aquellas palabras que incluyen h o b

 


Esta circunstancia viene de hace mucho tiempo y es en ella que se inspiró la expresión popular. Cuando alguien comete errores, sobre todo muy seguido, intenta justificarse apelando a diferentes causas (representadas en la frase por las letras h y b), pero a pesar de que muchos consideran que errar es humano, la equivocación constante puede cansar al entorno y los motivos esgrimidos, por repetición, ya no sirven como excusa válida.


Quedarse para vestir santos

Expresión usada para definir a las solteras de avanzada edad. Teóricamente esta frase se originó en España, en tiempos en los que aquellas mujeres que no conseguían casarse se entregaban de lleno a los menesteres religiosos. De tal forma, se podía ver frecuentemente a muchas solteronas realizando tareas en una iglesia, por falta de trabajos hogareños. Una de las faenas más habituales era la de vestir las imágenes de los santos que adornaban las instalaciones de los templos y de ahí la relación entre esta tarea y la soltería.


Que no te la den con queso

Desde tiempo inmemoriales, sacar adelante una cosecha de uva de calidad cuesta esfuerzo y tesón, pero no siempre los resultados son los esperados. No obstante, había que dar salida al vino.
 
De esta labor se encargaban los pregoneros de vinos, antiguos comerciales o representantes de las bodegas. Conscientemente, cuando éstos tenían que vender un caldo que no había llegado a su mejor punto de perfección, ofrecían queso para acompañarlo junto a la prueba, pero no uno suave, sino uno bien curado.

El sabor del queso “engañaba” las papilas gustativas de los compradores, ocultando el sabor de la prueba de vino de menor calidad que lo acompañaba. En la mayoría de los casos, se realizaba la compra ¡Cuál no sería la sorpresa de los consumidores al catarlo solo! Sin duda, toda una argucia nacida de la más arraigada picaresca.

Hoy en día, seguimos utilizando esta expresión como aviso, señal de alerta, enfado o resignación. Así, aconsejamos “que no te la den con queso” o nos lamentamos diciendo “me la han dado con queso”. Evidentemente, en el segundo de los casos ya es tarde: hemos caído en un engaño, trampa, mentira o estafa.



Quien se fué de Sevilla, perdió su silla

Esta frase se utiliza como advertencia para que los que abandonan provisional y voluntariamente un cargo o lugar, no reclamen nada a su regreso si lo encuentran ocupado por otro.

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Esta frase, junto a la de Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita, son una especie de dispensa a las múltiples disputas que se dan entre niños por la posesión de un objeto o una posición privilegiada. Tanto los más mayores en su infancia como los actuales niños las siguen utilizando, como una especie de “no se admiten reclamaciones”; si querías el objeto o posición, no haberlo dado o abandonado.
La frase del título tiene su origen en un hecho histórico ocurrido en el siglo XV, durante el reinado del rey Enrique IV de Trastámara (1425-1474).
Los Fonseca eran una familia noble de origen portugués muy influyente en la Iglesia, al tener responsabilidades eclesiásticas varios de sus miembros. Alonso de Fonseca era el arzobispo de Sevilla, cuando se nombró a su sobrino —con el mismo nombre y apellido— arzobispo de Santiago de Compostela.
Cuando el joven sobrino fue a tomar posesión del arzobispado, lo encontró involucrado en unos graves conflictos que afectaban al reino de Galicia. Al no poder dominar la situación pidió ayuda a su tío y, de mutuo acuerdo, decidieron intercambias temporalmente las diócesis.
Una vez Alonso de Fonseca tío solucionó los problemas de la diócesis compostelana, volvió a Sevilla; pero el incapaz y ambicioso sobrino se negó a devolverle su silla arzobispal. No bastó un mandamiento papal para dejar las cosas en su sitio, sino que fue necesaria la intervención del rey.


Rasgarse las vestiduras


Se ajusta a los casos en que alguien demuestra con evidencia  su dolor, malestar, rabia o indignación. También se usa por la negativa: “no hay que rasgarse las vestiduras”, para señalar que no se debe exagerar o dramatizar, pues lo acontecido no lo amerita. Puede creerse que se trata de una práctica exclusiva de gente pudiente, que posee ropa suficiente como para darse el lujo de romper alguna en un momento de ira, pero no es así. Era la actitud que asumían los miembros de antiguos pueblos, en particular judíos, cuando eran víctimas de desgracias. En algunos casos, también se complementaba la acción con autoflagelaciones.


Sacar de quicio


El quicio es el punto de apoyo sobre el que se mueve y gira la puerta o ventana. De ahí que sacar de quicio algo esté relacionado con sacarlo de su curso natural. Relacionado con las personas, se refiere a una sensación de desubicación y consiguiente sentimiento de enfado e irritación.


Sacar las  castañas del fuego

Pese a lo que pueda parecer, esta expresión tiene a sus espaldas una historia más que interesante.Se cree que fue durante la guerra que Julio César libró en el norte de Egipto contra Ptolomeo XIII cuando comenzó el incendio que destruyó la mayor parte de los volúmenes de la Biblioteca de Alejandría. Cuando Cleopatra se enteró de semejante tragedia, rogó a César que salvara al menos su obra preferida: “Las castañas” de Aristófanes, una comedia de la que no tenemos muchas más noticias. 

Y parece ser también que fue el mismo César quien  se aprovechó de la confusión en la ciudad para adentrarse en el edificio en llamas y rescatar un manuscrito de la obra. Al volver a palacio se lo arrojó con desdén a la faraona y le dijo: “que sea la última vez que te tenga que sacar Las Castañas del fuego”, que era una frase referida sobre todo a la mala situación de la guerra en aquel momento, en la que César estuvo a punto de perder la vida en varias ocasiones por culpa de Cleopatra y de sus escasas tropas.
 


Sacarse el sombrero

Desde sus inicios, descubrirse la cabeza fue una actitud que reflejó reverencia ante una persona: un jefe militar, un dirigente político o un líder social. Con el tiempo, la costumbre se extendió para mostrar respeto ante una dama o para reconocer una acción muy lucida. Se considera que puede provenir de Francia, especialmente porque allí todavía se usa la expresión ¡Chapó! (en francés, chapeau, es decir, sombrero) para manifestar admiración por algo. A pesar del cambio cultural, que casi eliminó a los sombreros, aún perdura como expresión social.



Salir del armario


Otra frase bastante reciente. Se la escucha casi con un sólo sentido, aquel que apunta a los homosexuales reprimidos. Se sabe que no ha sido sencillo, para todos los que han experimentado inclinación por los miembros de su propio sexo, manifestar tal tendencia, por la represión socio-cultural al respecto imperante en ciertos contextos. Cuando en algunos de esos contextos adversos, las cosas se relajaron y la homosexualidad comenzó un gradual proceso de aceptación, “salir del armario” comenzó a sonar como estímulo para aquellos que no se atrevían a confesar oralmente o a exponer abiertamente su orientación sexual. Se toma al mueble que sirve para guardar ropa como el habitáculo cerrado y oscuro donde se esconde un sujeto para ocultarse de la mirada y de la reprobación del entorno. El concepto que conlleva “salir del armario” puede originarse en la costumbre histórica de los niños de esconderse en ese lugar para evitar situaciones riesgosas o, más cerca del universo gay, en la práctica de muchos homosexuales que no han blanqueado su situación, de guardar sus elementos íntimos y comprometedores en ese secreto lugar de la casa o de la habitación.




Salvado por la campana

Que alguien ha evitado hacer algo debido a que otro factor se ha interpuesto. Antiguamente debido a que el mundo de la medicina no estaba todavía desarrollado, al morir una persona ésta era enterrada viva, bien por catalepsia o por un simple mareo. Posteriormente al descubrirse arañazos en la madera de las cajas fúnebres decidieron poner un pequeño hilo en la mano del difunto conectado en el exterior a una pequeña campana. Si la persona despertaba tiraba del hilo y sonaba la campana. Así se la sacaba y podía seguir con su vida.



Salvarse por los pelos

El origen de esta expresión se remonta a los tiempos en los que piratas y marineros surcaban los mares. La mayoría de ellos no sabían nadar, por lo que era bastante normal que se dejaran el pelo largo para que si caían a la mar los agarraran por los pelos para salvarlos.
En aquellos momentos el significado de la frase era totalmente literal ya que se salvaban gracias a que les cogían del pelo. Pero hoy en día se suele aplicar esta expresión cuando consigues librarte de algún mal, pero que has estado muy cerca de no conseguirlo.




Se armó la gorda 

Haber gran alboroto y gran refriega. La gorda es la denominación que se dio en Andalucía y especialmente en Sevilla, a la revolución de 1868 contra la inoperancia del reinado de Isabel II. Más común fue la denominación de la Gloriosa o la Septembrina. Al parecer, muchos ciudadanos liberales esperaban que se armara de un momento a otro la revolución gorda, es decir, la gran revolución, la definitiva. Se perseguía la instauración de la república parlamentaria, que no tardó en llegar, aunque fue tan floja e inútil como el régimen que pretendió sustituir. Algunos historiadores afirman que se ha podido documentar el apelativo de gorda, para otros movimientos revolucionarios, asonadas y pronunciamientos anteriores a esta fecha.


Ser una bicoca


ImagenPara encontrar el origen de la expresión ‘ser una bicoca’ hemos de trasladarnos al 27 de abril de 1522, fecha en la que tuvo lugar la ‘Batalla de Bicocca’, la cual recibió este nombre ya que era como se llamaba aquel lugar, una población muy próxima a Milán y que enfrentó a un conglomerado de ejércitos liderados por el Imperio Español del Emperador Carlos V (Estados Pontificios, Sacro Imperio Romano Germánico y el Ducado de Milán) contra al del Reino de Francia y la República de Venecia.

Según explican las crónicas, el triunfo español en dicha batalla se realizó de una forma tan fácil y sin haber costado apenas esfuerzo que quedó, para los anales de la historia, el nombre de aquel lugar como sinónimo de ganancia fácil, ganga o cosa de valor obtenida por un bajo precio.


Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña

Nos indica que si las cosas no se dan de la forma en que pensábamos, deberemos esforzarnos más para obtener el resultado deseado. Todo nace cuando el profeta musulmán les dijo a sus discípulos que llamaría a una montaña, que ésta se acercaría y que, desde su cima, daría un discurso. Como lo prometido no ocurrió, Mahoma (570-632) caminó hacia la montaña mientras profería aquellas memorables palabras. Este relato no figura en ningún libro religioso ni tampoco procede, como podríamos imaginar, del folklore musulmán. Fue ideado por el filósofo inglés Francis Bacon (1561-1626), pionero del método experimental en cuestiones científicas, con el fin de ejemplificar un concepto de sus teorías.


 Tener monos en la cara 



Al contrario de lo que muchas personas creen, los ‘monos’ al que hace referencia la expresión nada tienen que ver con los primates, debido a que en su origen el término utilizado en la frase era ‘momos’ (tener momos en la cara) y cuyo significado es tener/poner  gesto, figura o mofa que se ejecuta regularmente para divertir en juegos, mojigangas y danzas (tal y como nos indica el Diccionario de la RAE).
La palabra momos proviene de la Mitología Griega y  se refiere a Momo, Dios del sarcasmo, la burla y las bromas.
De ahí que a aquel que tenía/ponía cara chistosa se le decía que tenía momos en la cara.
Todo parece indicar que con el transcurrir de los siglos y la popularización de la expresión, la palabra momos (ampliamente desconocida para la mayoría de personas) se transformó en monos (más cotidiana y de uso común), cambiando la frase a tal y como la conocemos actualmente: ‘tener monos en la cara’.




Tener muchos humos


El origen de la expresión proviene de una costumbre bastante común entre las familias distinguidas de la antigua Roma, que solían colocar en el atrio de la casa los retratos o bustos tallados en piedra de sus antepasados. Con el paso del tiempo, las imágenes más antiguas iban adquiriendo un color oscuro por efecto del polvo y los humos del fuego de las casas. De tal forma, aquellas familias que tenían los antepasados más renegridos o sucios, presentaban mayor tradición, es decir, tenías más humos depositados en las esculturas. Así fue que la frase pasó a designar primero a gente de mucho abolengo y, más tarde, a personas muy creídas o soberbias.


Tiran más dos tetas que dos carretas



Entre las muchas locuciones que podemos encontrarnos que todavía siguen siendo de uso común y cotidiano pero que al mismo tiempo se consideran desafortunadas y sexistas está la expresión ‘Tiran más dos tetas que dos carretas’ la cual tiene tras de sí una curiosa e interesante historia en cuanto a su evolución y origen.

Llevamos muchísimas décadas escuchándola decir de este modo y su significado viene a indicarnos el influjo y dominio que tienen las mujeres sobre la voluntad de cualquier hombre, siendo éstas las que finalmente deciden en cualquier lance de la vida. Evidentemente, esta expresion es fruto de la clásica y limitaadita perspectiva heteronormativa (heterosexualidad obligatoria).


Pero no siempre se ha dicho la expresión en la forma en la que la conocemos (y las múltiples variantes que han surgido, algunas de ellas bastante desafortunadas). Tirando hacia atrás en el tiempo podemos encontrar que originalmente el término ‘carretas’ no estaba incluido dentro de esta frase, existiendo una expresión previa que era ‘Más tiran tetas que sogas cañameñas’. Las sogas cañameñas eran cuerdas que se realizaban con fibras de la planta del cáñamo, las cuales tenían una gran resistencia y se decía que eran irrompibles, de ahí la exagerada comparación en esta locución.

Pero la expresión ‘Más tiran tetas que sogas cañameñas’ proviene de otra todavía mucho más antigua en la que tampoco aparecía el término ‘tetas’, pero cuyo significado era el mismo: ‘Más tira moza que soga’.


Tirar la casa por la ventana

Se dice que alguien tira la casa por la ventana cuando efectúa gastos extraordinarios con motivo de alguna celebración en particular. Todo comenzó en España, allá por el año 1763, en épocas del reinado de Carlos III (1716-1788), quien instauró la Lotería Nacional en aquel país. Desde entonces, cuando un español obtenía un premio suculento, se impuso la costumbre de arrojar, a veces por la ventana, los muebles y algo más hacia la calle, pues el dinero ganado mediante el azar alcanzaba para reemplazarlos por otros nuevos. Hoy se mantienen la frase y los festejos que ella supone, pero se ha perdido la solidaridad de entregar a otros aquello que resulta útil pero que ya no usamos.


Tirar los tejos

 
Existe un antiguo juego llamado “tejo”, que consistía en el lanzamiento de trozos de teja, con el objeto de derribar un palo que se fijaba en el suelo previamente. Este juego se organizaba en las plazas donde los viandantes tenían la oportunidad de presenciarlo. Los jóvenes, aprovechando la asistencia de chicas entre los espectadores, tiraban los tejos cerca de ellas para aproximarse y asi poder flirtear con ellas.


Tirar de la manta




"Tirar de la manta" significa destapar algún asunto sucio o vergonzoso que se mantenía oculto y que podría resultar comprometedor para alguien. Pero su origen no es tan evidente como puede parecer, ya que la palabra "manta" no se refiere a la prenda que cubre u oculta algo.
¿De dónde viene la expresión 'tirar de la manta'?Según aparece en la Historia de la Legislación de Marichalar y Manrique (1868), en los siglos XVI y XVII, en algunos lugares de Navarra, se llamaba mantas a unos enormes lienzos colgados en las paredes de las iglesias en los que aparecían escritos los nombres y apellidos de las familias que descendían de judíos convertidos y que habían permanecido en territorio cristiano tras la expulsión de los demás judíos. Y en ese contexto, tirar de la manta significaba investigar posibles falsas conversiones.
 


Tocar madera



Usada para repeler la mala suerte, esta frase presenta dos orígenes posibles. El primero se remonta a las antiguas civilizaciones, cuando la naturaleza era adorada como gran divinidad y los árboles eran su principal símbolo. Por ello, cuando alguien pretendía que le fuese bien, dirigía sus plegarias a los seres superiores apoyando su mano en la corteza de un árbol. Otra versión se vincula con la cruz de Cristo, haciendo hincapié en que  muchas iglesias afirmaban tener al menos una astilla perteneciente a los maderos originales en los que fue crucificado Jesús. Así las cosas, muchos creyentes tocaban ese trozo de madera para dirigirse a Dios al momento de solicitar algún deseo.




Tontolava

rosconUtilizamos ‘tontolaba’ para referirnos coloquialmente a una persona ignorante, abobada, palurda y/o de cortas entendederas. Pero, ¿cuál es el origen de esta palabra? Pues bien, “tontolaba” es el apócope de ‘tonto del haba’, expresión que deriva de la tradición de poner en los roscones de reyes un regalo y un haba. Se supone que al que le tocaba el regalo le coronaban rey de la fiesta, mientras que el que encontraba el haba tenía el dudoso honor de pagar el dulce.

Fueron los hermanos de la Cofradías de las Ánimas de la Puebla de Don Fadrique quienes acogieron una broma que traían las quintas de los Tercios de Flandes. Era que, por Navidad, se confeccionaba un bizocho con un haba dentro. Y al que le salía se le nombraba 'tonto del haba' durante unas horas.




Tumbarse a la bartola 

Holgazanear, despreocuparte. Descuidar o abandonar el trabajo y no mostrar interés por él. La festividad de San Bartolomé se celebra el 24 de agosto, al final de la cosecha. Este hecho propiciaba que muchos pueblos de España tomaran a San Bartolomé como un santo propio para la fiesta, el jolgorio y el descanso tras las labores propias de la recolección. Tanto es así que durante el siglo XV y XVI, San Bartolomé era uno de los santos más populares y en cuyo honor se celebraban más fiestas. Si esta teoría es cierta, tumbarse a la bartola significaría tanto como “cesar en el trabajo, como si hubiera llegado San Bartolomé”. Aún sigue manteniendo el carácter de reproche a quien holgazanea cuando aún queda trabajo por hacer. San Bartolomé fue un apóstol de Jesucristo, murió desollado y se le presenta con los músculos al descubierto y con la piel en un brazo. La jocosidad popular puede haber establecido una comparación entre esta imagen del torso despellejado de Bartolomé y la imagen de holgazán durmiendo con la barriga al aire.



¡Vete a la porra! 

Expresión con la que se despide o se intenta alejar a alguien, de malos modos, con enfado o haciendo burla. La porra se situaba en el centro del campamento, clavada en el suelo. Cuando algún soldado se comportaba mal o cometía faltas leves, el oficial de turno lo enviaba a la porra, y allí debía aguardar hasta que se decidiese el castigo que se le imponía. En ocasiones el único castigo era vigilar la porra, es decir, estar allí como un espantajo sin hacer nada.


 



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